LA SANTIDAD
"Sed santos porque Yo soy Santo dice El Señor"
En el Antiguo Testamento el hebreo Kadosch (santo) significaba estar
separado de lo secular o profano y dedicado al servicio de Dios. El
pueblo de Israel se conocía como santo por ser el pueblo de Dios.
La santidad de Dios identificaba su separación de todo lo malo.
Los seres humanos son santos cuando se apartan del pecado y viven segúnla voluntad de Dios.
Jesús es EL SANTO que santifica a todos quienes a Él se acercan
“El divino Maestro y Modelo de toda perfección, el Señor Jesús, predicó a
todos y cada uno de sus discípulos, cualquiera que fuese su condición,
la santidad de vida, de la que Él es iniciador y consumador: Sed, pues,
perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto (Mt 5, 48) ...
Quedan, pues, invitados y aun obligados todos los fieles cristianos a
buscar insistentemente la santidad y la perfección dentro de su estado”
.-Vat II, Lumen gentium, 40.42
Cuando un ser humano se acerca a Cristo y le recibe como Señor y
Salvador de su vida, comienza un proceso de Santidad de adentro hacia
afuera, manifestándose externamente por sus obras que dan testimonio de
su Santidad.
Él le dijo: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu
alma y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento.
Mateo 22:37-38 Amor hacia nuestro prójimo es una de esas manifestaciones
de Santidad.
Querer ser santos:
La Santidad es obra de Jesús pero Él no se impone. Requiere la respuesta
libre del hombre. Quien ama a Dios desea responderle con todo el
corazón, se esfuerza y persevera con la ayuda de la gracia para vencer
la tendencia de la carne.
Hay ambiciones que son pecaminosas y otras que son necesarias para la
santidad. San Pablo dice:” ¡Aspirad a los dones superiores del Espíritu!
Y aun os voy a mostrar un camino más excelente" I Corintios 12:31. Ese
camino es el amor a Dios y al prójimo puesto en práctica, imitando el
amor perfecto que es Jesús. No desear otra cosa que agradarle en todo.
Cuando agradarle requiere abrazar la cruz, bendita sea. Todo por El y
para El.
Aspirar a la santidad es vivir humildemente para Dios: "¿Acaso tiene que
agradecer al siervo porque hizo lo que le fue mandado? De igual modo
vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os fue mandado, decid: Somos
siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer." Lucas 17,9-10
“Es propio de un alma cobarde y que no tiene la virtud vigorosa de
confiar en las promesas del Señor, el abatirse demasiado y sucumbir ante
las adversidades” -San Basilio, Homilía sobre la alegría
“El alma que ama a Dios de veras no deja por pereza de hacer lo que
pueda para encontrar al Hijo de Dios, su Amado. Y después que ha hecho
todo lo que puede, no se queda satisfecha, pues piensa que no ha hecho
nada” -San Juan de la Cruz, Cántico espiritual, 3, 1.
Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo. Como el ciervo desea las
fuentes de las aguas, así te desea mi alma, oh Dios... ¿Cuándo vendré y
apareceré ante la cara de Dios? -Sal. 41.
Un deseo concreto, que se aplica cada día.
¡Perseverancia!
Muchos se entusiasman por Cristo, pero como la semilla que cae en mala
tierra, no perseveran, se dan así mismos "permiso" para aflojarse y
pronto se quedan atados a los gustos y preocupaciones que desplazan a
Dios del centro de sus vidas.
“Me dices que sí, que quieres. -Bien, pero ¿quieres como un avaro quiere
su oro, como una madre quiere a su hijo, como un ambicioso quiere los
honores o como un pobrecito sensual su placer?
“-¿No? -Entonces no quieres” J. Escriva de Balaguer, Camino, n. 316
Pues ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su
vida? O ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida? Mateo 16:26
No esperar frutos fáciles. Es lucha de toda una vida
“Hay, pues, que tener paciencia, y no pretender desterrar en un solo día
tantos malos hábitos como hemos adquirido, por el poco cuidado que
tuvimos de nuestra salud espiritual” - J. Tissot, El arte de aprovechar
nuestras faltas, p. 14.
Tener esperanza. Si esta faltara, no seguiremos en la lucha. Creer que
la santidad es inalcanzable es una gran tentación. ¡Es mentira! Es
escapismo. Sí. Podemos ser santos porque Dios da la gracia y los medios.
Dios no falla. Muchos han sido los grandes pecadores que llegaron a ser
santos. Leamos la vida de San Pablo y San Pedro. Leamos los Hechos de
los Apóstoles para ver la obra del Espíritu.
En la vida de aquellos que siendo hombres como nosotros, se
transformaron con mayor perfección en imagen de Cristo (2 Cor 3,18) Dios
manifiesta al vivo entre los hombres su presencia y su rostro
LA OBEDIENCIA
La obediencia es una actitud responsable de colaboración y
participación, importante para las buenas relaciones, la convivencia y
el trabajo productivo.
Una de las cosas que más trabajo nos cuestan es someter nuestra voluntad
a la orden de otra persona. Vivimos en una época donde se rechaza
cualquier forma de autoridad, así como las reglas o normas que todos
debemos cumplir. La soberbia y el egoísmo nos hacen sentir
autosuficientes, superiores, sin rendir nuestro juicio y voluntad ante
otros pretextando la defensa de nuestra libertad.
Parece claro que el problema no radica en las personas que ejercen una
autoridad, tampoco en las normas creadas para mantener el orden, la
seguridad y la armonía entre las personas, está dentro de nosotros
mismos. Debemos evitar caer en el error de "sentir" que obedeciendo nos
convertimos en seres inferiores y sumisos caracterizados por una
libertad mutilada. Por el contrario, la obediencia nos lleva a practicar
una libertad más plena, porque echamos por la borda el pesado lastre de
la soberbia y la comodidad. ¿No son acaso una fuerte atadura e
impedimento para obedecer cabalmente?
<p>¿Por qué nos cuesta tanto trabajo obedecer? Razones puede haber
muchas, tal vez la más común se da cuando no reconocemos la autoridad
de la persona que manda, por considerarla inferior, inepta, molesta o
necia; cada vez que la actividad a realizar es contraria a nuestro gusto
y preferencia; porque catalogamos las cosas como poco importantes, o
debemos hacer a un lado nuestra comodidad y descanso. Cualquiera que sea
el caso el resultado es el mismo: un actuar mecánico y porque "no nos
queda más remedio", lo cual resta mérito a todo lo bueno que pudiéramos
lograr.
No podemos negar que algunas ocasiones obedecemos gustosamente, pero lo
hacemos por la simpatía que tenemos hacia quien lo pide, o
definitivamente no nos cuesta trabajo cumplir con la encomienda.
Entonces cabe preguntarnos si la obediencia en nosotros es un valor o es
una postura que tomamos de acuerdo a las circunstancias.
Debe quedar claro, la obediencia no hace distinciones de personas y
situaciones, para que sea realmente un valor, debe ir acompañada de
nuestra voluntad de hacer las cosas, agregando nuestro ingenio y
capacidad para obtener un resultado igual o mejor de lo esperado. Por
tanto, el obedecer es un acto consciente, producto del razonamiento,
discriminando todo sentimiento opuesto hacia las personas o actividades.
Esto nos lleva a considerar la manera en la que reaccionamos frente a
las normas que exigen un cumplimiento: con facilidad desobedecemos las
leyes de tránsito, buscamos la manera de simplificar cualquier tipo de
trámites, cumplir con menos requisitos o no hacer fila para hacer un
pago en la ventanilla correspondiente... no podemos pensar que el mundo
debe girar alrededor de nuestros caprichos, sometiendo todo a la
aprobación de nuestro juicio.
La obediencia requiere docilidad, traducida en seguir fielmente las
indicaciones dadas. Si consideramos que algo no es correcto podemos
expresar nuestro punto de vista, pero nunca hacer algo distinto o
contrario a lo que se nos ha solicitado.
Además de ser dóciles debemos tener iniciativa, que consiste en poner de
nuestra parte "lo que haga falta" para cumplir mejor con nuestra tarea.
Muchas veces se manifiesta a través de los pequeños detalles: La
portada y presentación final de un informe, limpiar y colocar
perfectamente los muebles que cambiamos de lugar, acomodar en la alacena
los víveres que compramos... Ese toque personal y final que ponemos a
las cosas complementa magníficamente nuestra obediencia, porque es una
manera de identificarnos plenamente con el deseo de quien lo ha pedido,
que en el fondo, es la esencia de obedecer.
En algunos casos y circunstancias, las personas que tienen autoridad
pueden solicitar acciones contrarias a la dignidad de las personas y
ajenas a los principios morales, como mentir, calumniar, robar... en
estos y otros casos, no estamos obligados a obedecer porque nos
convertimos en cómplices de acciones reprobables, de las cuales no nos
gustaría ser los afectados.
Aunque el aprender a obedecer parece un valor a inculcar solamente en
los niños, toda persona puede, y debe, procurar su desarrollo. Veamos
algunos puntos que te ayudarán a cultivar mejor este valor:
- La obediencia no se determina por el afecto que puedas tener hacia la
persona que manda, concéntrate en realizar de la tarea o cumplir el
encargo que se te encomienda. Tu sentir en nada cambia el contenido de
la orden.
- Ejecuta las peticiones u órdenes sin calificar si son de tu agrado o no.
- Toda encomienda es importante. Si es aparentemente simple, evita
pensar que no corresponde "a tu categoría". Si no cumples con las cosas
pequeñas, jamás cumplirás con las cosas que consideras como "grandes".
- No te quejes por los continuos encargos que recibes. Por una parte se
tiene confianza en tu capacidad; por otra, ¿no crees que estás
encubriendo tu pereza?
- Procura eliminar de tu persona esa visión mediocre de "sólo cumplir".
Ten iniciativa: termina las cosas al detalle dando un toque final a todo
lo que hagas, es la diferencia entre obedecer y cumplir, y eso, es lo
que hace un trabajo bien hecho.
La obediencia nos hace sencillos porque nos enfocamos en la tarea a
realizar y no en criticar a las personas; generosos por la
disponibilidad de tiempo, el interés y entusiasmo que ponemos al
servicio de los demás, generando confianza al actuar
responsablemente.Podemos ver que la obediencia es una actitud
responsable de colaboración y participación, dejando atrás el "hacer
para cumplir", que eso lo hace cualquiera, poner lo que está de nuestra
parte es lo que hace de la obediencia un valor, no sólo importante, sino
necesario para las buenas relaciones, la convivencia y el trabajo
productivo.
Gracias esta muy bonito este blog me ayuda a comprender lo que se debe hacer para estar bien con nuestro Señor
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