EL MENSAJE DE LA
CRUZ
La culpabilidad del
hombre
1:18 Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad;
1:19 porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó.
1:20 Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.
1:21 Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido.
1:22 Profesando ser sabios, se hicieron necios,
1:23 y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.
1:24 Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos,
1:25 ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén.
1:26 Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza,
1:27 y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío.
1:28 Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen;
1:29 estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades;
1:30 murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres,
1:31 necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia;
1:32 quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.
1:18 Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad;
1:19 porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó.
1:20 Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.
1:21 Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido.
1:22 Profesando ser sabios, se hicieron necios,
1:23 y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.
1:24 Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos,
1:25 ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén.
1:26 Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza,
1:27 y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío.
1:28 Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen;
1:29 estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades;
1:30 murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres,
1:31 necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia;
1:32 quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.
La nueva vida
en Cristo
4:17 Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente,
4:18 teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón;
4:19 los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza.
4:20 Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo,
4:21 si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús.
4:22 En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos,
4:23 y renovaos en el espíritu de vuestra mente,
4:24 y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.
4:25 Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros.
4:26 Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo,
4:27 ni deis lugar al diablo.
4:28 El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad.
4:29 Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.
4:30 Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.
4:31 Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.
4:32 Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.
4:17 Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente,
4:18 teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón;
4:19 los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza.
4:20 Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo,
4:21 si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús.
4:22 En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos,
4:23 y renovaos en el espíritu de vuestra mente,
4:24 y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.
4:25 Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros.
4:26 Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo,
4:27 ni deis lugar al diablo.
4:28 El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad.
4:29 Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.
4:30 Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.
4:31 Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.
4:32 Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.
Vivimos una época donde
el evangelio ha sido difundido de muchas maneras y en muchos lugares; y si bien
existe aún persecución, también es cierto que muchas naciones se han abierto al
mensaje de salvación; las iglesias evangélicas han proliferado de tal manera,
que en una sola ciudad pudiesen haber decenas de congregaciones.
Existe también el fenómeno de las megas iglesias que albergan a millares de personas en un solo servicio. Sin embargo, en medio de toda esta aparente bendición, se encierra una triste realidad: muchos se han apartado de las verdades esenciales del evangelio de nuestro Señor Jesucristo, y esto es visible no sólo en las predicaciones que se escuchan en los diferentes medios; sino también, en la música que este tipo de enseñanzas inspiran a las nuevas generaciones.
1. El mensaje de la cruz:
Cuando Pablo habla a la iglesia de Corinto acerca del mensaje el cual él proclamaba, dice: "me propuse no saber entre vosotros cosa alguna, sino a Cristo, y a este crucificado". Pablo sabía que lo único que puede dar salvación a aquel que se pierde, es el mensaje de la cruz. Pero basta echar un vistazo al tipo de enseñanzas de un buen número de congregaciones, y uno se da cuenta que el mensaje es otro; se predica sobre temas motivacionales, sobre cómo mantener una alta autoestima, sobre cómo tener éxito en la vida y en los negocios, y sobre muchas cosas más; pero no se enseña acerca del pecado, no se enseña sobre la necesidad del arrepentimiento, no se enseña sobre la necesidad de apropiarnos por medio de la fe del sacrificio vicario de Cristo.
No se enseña sobre la necesidad de negarnos a nosotros mismos, no se enseña sobre la necesidad de rendir nuestro ser completo al Señor y permitirle reinar en nuestros corazones. La muerte, resurrección y el advenimiento de nuestro bendito Salvador son temas que brillan por su usencia.
Vemos a muchos profesando una fe en Dios, pero sin haber entrado por la puerta que se llama Cristo, sin haber sentido jamás carga por sus pecados y sin haber recibido en sus corazones ni el sacrificio; ni el señorío de Cristo. Y van por allí quizás muy motivados, quizás reclamando para sí promesas del cielo; pero nadie les ha enseñado que las promesas del Señor son para aquellos que están en Él. (2 Corintios 1:20)
2. La necesidad de retornar a las verdades básicas del evangelio.
Pero si quitamos la base del mensaje del evangelio no nos queda nada, podremos construir y llenar grandes edificios, podremos llegar a tener grandes congregaciones que hallan alcanzado cierto grado de motivación y que tengan cierto éxito en su vida terrena; pero… ¿Qué de todo eso si habremos de ser desaprobados por el Señor en aquel día? ¿Qué de todo eso si el Señor habrá de demandar de nosotros la sangre de toda esas personas a las que fuimos incapaces de guiar por el camino de la vida?
Es necesario que cada ministro del evangelio reconsidere la manera como está desarrollando el trabajo que le fue confiado por el Señor. Y entender que no fue llamado a hacerse famoso, ni a llenarse de dinero; sino a enseñar el camino a la salvación, y un día habrá de dar cuentas ante El Príncipe de los pastores.
Conclusión:
Recordemos las palabras de Pablo a Timoteo: "Procura diligentemente presentarte ante Dios como un obrero aprobado, que no tiene nada de que avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad".
Existe también el fenómeno de las megas iglesias que albergan a millares de personas en un solo servicio. Sin embargo, en medio de toda esta aparente bendición, se encierra una triste realidad: muchos se han apartado de las verdades esenciales del evangelio de nuestro Señor Jesucristo, y esto es visible no sólo en las predicaciones que se escuchan en los diferentes medios; sino también, en la música que este tipo de enseñanzas inspiran a las nuevas generaciones.
1. El mensaje de la cruz:
Cuando Pablo habla a la iglesia de Corinto acerca del mensaje el cual él proclamaba, dice: "me propuse no saber entre vosotros cosa alguna, sino a Cristo, y a este crucificado". Pablo sabía que lo único que puede dar salvación a aquel que se pierde, es el mensaje de la cruz. Pero basta echar un vistazo al tipo de enseñanzas de un buen número de congregaciones, y uno se da cuenta que el mensaje es otro; se predica sobre temas motivacionales, sobre cómo mantener una alta autoestima, sobre cómo tener éxito en la vida y en los negocios, y sobre muchas cosas más; pero no se enseña acerca del pecado, no se enseña sobre la necesidad del arrepentimiento, no se enseña sobre la necesidad de apropiarnos por medio de la fe del sacrificio vicario de Cristo.
No se enseña sobre la necesidad de negarnos a nosotros mismos, no se enseña sobre la necesidad de rendir nuestro ser completo al Señor y permitirle reinar en nuestros corazones. La muerte, resurrección y el advenimiento de nuestro bendito Salvador son temas que brillan por su usencia.
Vemos a muchos profesando una fe en Dios, pero sin haber entrado por la puerta que se llama Cristo, sin haber sentido jamás carga por sus pecados y sin haber recibido en sus corazones ni el sacrificio; ni el señorío de Cristo. Y van por allí quizás muy motivados, quizás reclamando para sí promesas del cielo; pero nadie les ha enseñado que las promesas del Señor son para aquellos que están en Él. (2 Corintios 1:20)
2. La necesidad de retornar a las verdades básicas del evangelio.
Pero si quitamos la base del mensaje del evangelio no nos queda nada, podremos construir y llenar grandes edificios, podremos llegar a tener grandes congregaciones que hallan alcanzado cierto grado de motivación y que tengan cierto éxito en su vida terrena; pero… ¿Qué de todo eso si habremos de ser desaprobados por el Señor en aquel día? ¿Qué de todo eso si el Señor habrá de demandar de nosotros la sangre de toda esas personas a las que fuimos incapaces de guiar por el camino de la vida?
Es necesario que cada ministro del evangelio reconsidere la manera como está desarrollando el trabajo que le fue confiado por el Señor. Y entender que no fue llamado a hacerse famoso, ni a llenarse de dinero; sino a enseñar el camino a la salvación, y un día habrá de dar cuentas ante El Príncipe de los pastores.
Conclusión:
Recordemos las palabras de Pablo a Timoteo: "Procura diligentemente presentarte ante Dios como un obrero aprobado, que no tiene nada de que avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad".